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Niña en el dentista

Hace unos años,  tuve la suerte de acudir, durante una semana, a un curso teórico–práctico de Operatoria Dental, dictado por el Dr. M. Markley,  prestigioso odontólogo estadounidense, ya fallecido, el cual, entre otras muchas enseñanzas, nos insistió en el uso del dique de goma para realizar nuestras obturaciones. Lo consideraba esencial hasta el punto de que, como él nos refirió, cuando uno de sus pacientes debía cambiar de residencia y le pedía consejo sobre qué dentista visitar en su nueva ciudad, su respuesta habitual, era: “Acuda usted  a algún depósito dental, y pregunte qué profesional de esa zona consume más diques de goma. A continuación, pídale cita: es posible que no le vaya a tratar  el mejor dentista de la ciudad, pero, con seguridad, le estará tratando un buen dentista”.  Tal consideración le merecía el uso del mencionado aditamento.

¿Y de qué estamos hablando?  Se trata de una goma de látex ó de nitrilo -en el caso de personas alérgicas al látex-, de color verde, gris ó azul, habitualmente cuadrada, que se coloca en la boca del paciente cuando le vamos a realizar determinados trabajos (obturaciones y endodoncias fundamentalmente), sujeta a una ó más piezas por unas grapas metálicas (clamps), ó por unos cordones de goma. De esta manera, estamos procediendo al aislamiento del campo operatorio, evitando la contaminación por saliva y/ó sangre  de la pieza a tratar, ya que, así como la antigua y aún usada amalgama puede funcionar incluso en condiciones poco adecuadas, los materiales estéticos son muy sensibles a la técnica empleada:  aunque hay algún estudio que plantea la posible compatibilidad del uso de estos materiales con una ligera contaminación por saliva, en ningún caso van a funcionar si la contaminación es por sangre.

Por otra parte su uso evita el paso de restos, trozos de material, instrumentos, etc., del campo operatorio a la boca, y en muchos casos, al aparato digestivo. Además separa lengua, mejilla, labios, lo que se traduce, no solo en un mejor acceso a la pieza a tratar,  sino en una disminución del riesgo de accidentes  por movimientos involuntarios del paciente, el cual va a estar más cómodo y relajado, ya que no tendrá que soportar en su boca la presencia de  agua,  algodones, aspiradores, dedos, instrumentos, etc.,  que tan incómoda hacen la visita.

El uso del dique, pues, es aconsejable siempre, e imprescindible  en aquellas obturaciones estéticas con riesgo de sangrado gingival, y en la práctica habitual de la endodoncia. Su uso reporta mayor seguridad, comodidad y, en la mayoría de los casos, calidad, lo cual redunda en beneficio tanto del paciente como del profesional. Los riesgos de su uso son estadísticamente despreciables, en comparación a los beneficios, y su utilización es posible en un porcentaje altísimo de intervenciones.

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