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Placa dental

La causa de las caries y de la enfermedad periodontal (piorrea), no es otra que la placa dental (P.D.), es decir, una capa, al principio invisible, que se deposita sobre los dientes a partir de una matriz orgánica que es invadida por bacterias de la cavidad oral.  Estas bacterias, que están habitualmente en nuestras bocas,  se convierten en agresivas al incorporarse a la placa. Unos tipos de placa darán lugar a caries. Otro, a las enfermedades de las encías.

Resulta evidente que la prevención de estas enfermedades, conlleva la eliminación DIARIA de esta placa, mediante una higiene correcta, es decir cepillado (si es posible  después de todas las comidas, y en todo caso, siempre al acostarse) y uso de hilo dental y/o cepillos interproximales  (dependiendo del tamaño de los espacios interdentarios, estará más indicado uno ú otro, ó incluso ambos) preferentemente también al acostarse.

Hay algunas ayudas extra, como pueden ser los reveladores de placa, en solución ó  comprimidos, que se disuelven en la boca, tras lo cual queda intensamente teñida la placa, permitiendo su eliminación de una forma objetiva. Es mejor usarlos solo por las noches, porque también tiñen durante unas horas, aunque sea de forma menos intensa, los tejidos blandos (lengua y mucosas).

Otra ayuda, aunque de uso limitado en el tiempo (no usar más de tres semanas si no es bajo la supervisión del profesional), son los colutorios, sobretodo de clorhexidina, muy útiles, pero solo, insisto, como ayuda, en ningún caso como alternativa indefinida a una mala higiene. 

Técnica de cepillado

  • Hay distintas técnicas de cepillado. Una de las más sencillas y efectivas al mismo tiempo podría ser la siguiente:

  • Coloque el cepillo de dientes de modo que se recline sobre la zona de los cuellos de los dientes en un ángulo de 45 º y efectúe un movimiento vertical de arrastre desde la encía hacia el diente, siguiendo un orden e insistiendo ocho ó diez veces en cada pieza.

  • Repita la misma operación con la cara interna de todos los dientes.
  • A continuación, haga lo mismo con las caras triturantes, pero en este caso, con un movimiento horizontal de adelante hacia atrás y viceversa.

  • Recuerde que el movimiento del cepillo debe ser siempre desde las encías hacia el borde de los dientes para eliminar la mayor cantidad posible de placa dental.

Por último cepille varias veces la superficie de la lengua, para eliminar las bacterias existentes en ella, responsables de la placa y el mal aliento.

Es aconsejable utilizar un cepillo no demasiado grande y de dureza media.

Complementos al cepillado

La higiene completa de nuestra cavidad bucal, requiere que, aparte el imprescindible cepillado después de cada comida, usemos otros aditamentos para acceder a los sitios que el cepillo no alcanza, es decir, a los espacios interproximales y/o subgingivales.

Para ello, disponemos, básicamente, de tres alternativas:

  • Cinta o seda dental
  • Escobillas o cepillos interproximales
  • Colutorios y/o pastas especiales

El más usado, por su facilidad de uso, es el tercer apartado, el de  colutorios y pastas. Pero habitualmente, se usan de forma incorrecta, porque, aunque la propaganda haga pensar otra cosa, la higiene debe ser, en condiciones normales, una labor puramente física, de arrastre de placa dental y restos alimenticios, para lo cual hay que recurrir al cepillo y cinta ó cepillos interproximales. El colutorio debe ser un complemento temporal de estos últimos, ante situaciones puntuales como puede ser una gingivitis aguda, pero en ningún caso se puede recurrir a él de forma habitual, ni mucho menos considerarlo por sí mismo una forma de higiene. Algo similar ocurre con las pastas, aunque sí esté indicado el uso diario de pastas fluoradas.

Los cepillos y escobillas interdentarios son especialmente útiles, aunque su uso, a pesar de haber distintos tamaños y formas, está casi reservado a adultos con un cierto componente de pérdida ósea y/ó retracciones, ya que requieren la existencia de un ligero espacio entre los dientes que permita la inserción de la escobilla sin causar por ello una lesión gingival. En los casos en que sea posible su uso, pueden ser necesarios distintos tamaños en un mismo paciente, ya que debemos insertar en cada espacio interdentario el que más justo vaya: si entra holgado, limpiará poco, y si lo hace muy apretado, puede causar una inflamación gingival añadida.

Y la tercera opción, desgraciadamente poco usada aún, a pesar de nuestra insistencia, es la cinta -preferible a la seda- dental. No es fácil su correcto uso, al principio, como ocurre con cualquier actividad que requiera una habilidad que no tenemos y que debemos adquirir. Pero, si tenemos la constancia suficiente, en unas pocas semanas lograremos convertirlo en un hábito sencillo, rápido, y, sobretodo, extremadamente útil para la prevención de problemas gingivales y dentarios.

Debemos tener en cuenta que, si no usamos la cinta dental ni las escobillas, un porcentaje importante de nuestra dentadura, justamente el que más patología produce, está PERMANENTEMENTE  sin limpiar. Tengamos en cuenta esto, cuando la pereza nos invada, y pensemos que, el beneficio de una higiene bucal COMPLETA es, a largo plazo, una inversión extremadamente rentable, ya que , cuando no se previenen los problemas, no tendremos más solución que  arreglarlos una vez se produzcan, y esto será, indudablemente, más desagradable, costoso e imprevisible.

El dique de goma

Hace unos años,  tuve la suerte de acudir, durante una semana, a un curso teórico–práctico de Operatoria Dental, dictado por el Dr. M. Markley,  prestigioso odontólogo estadounidense, ya fallecido, el cual, entre otras muchas enseñanzas, nos insistió en el uso del dique de goma para realizar nuestras obturaciones. Lo consideraba esencial hasta el punto de que, como él nos refirió, cuando uno de sus pacientes debía cambiar de residencia y le pedía consejo sobre qué dentista visitar en su nueva ciudad, su respuesta habitual, era: “Acuda usted  a algún depósito dental, y pregunte qué profesional de esa zona consume más diques de goma. A continuación, pídale cita: es posible que no le vaya a tratar  el mejor dentista de la ciudad, pero, con seguridad, le estará tratando un buen dentista”.  Tal consideración le merecía el uso del mencionado aditamento.

¿Y de qué estamos hablando?  Se trata de una goma de látex ó de nitrilo -en el caso de personas alérgicas al látex-, de color verde, gris ó azul, habitualmente cuadrada, que se coloca en la boca del paciente cuando le vamos a realizar determinados trabajos (obturaciones y endodoncias fundamentalmente), sujeta a una ó más piezas por unas grapas metálicas (clamps), ó por unos cordones de goma. De esta manera, estamos procediendo al aislamiento del campo operatorio, evitando la contaminación por saliva y/ó sangre  de la pieza a tratar, ya que, así como la antigua y aún usada amalgama puede funcionar incluso en condiciones poco adecuadas, los materiales estéticos son muy sensibles a la técnica empleada:  aunque hay algún estudio que plantea la posible compatibilidad del uso de estos materiales con una ligera contaminación por saliva, en ningún caso van a funcionar si la contaminación es por sangre.

Por otra parte su uso evita el paso de restos, trozos de material, instrumentos, etc., del campo operatorio a la boca, y en muchos casos, al aparato digestivo. Además separa lengua, mejilla, labios, lo que se traduce, no solo en un mejor acceso a la pieza a tratar,  sino en una disminución del riesgo de accidentes  por movimientos involuntarios del paciente, el cual va a estar más cómodo y relajado, ya que no tendrá que soportar en su boca la presencia de  agua,  algodones, aspiradores, dedos, instrumentos, etc.,  que tan incómoda hacen la visita.

El uso del dique, pues, es aconsejable siempre, e imprescindible  en aquellas obturaciones estéticas con riesgo de sangrado gingival, y en la práctica habitual de la endodoncia. Su uso reporta mayor seguridad, comodidad y, en la mayoría de los casos, calidad, lo cual redunda en beneficio tanto del paciente como del profesional. Los riesgos de su uso son estadísticamente despreciables, en comparación a los beneficios, y su utilización es posible en un porcentaje altísimo de intervenciones.

El uso de la cinta dental

La cinta ó seda dental, debería ser un componente más en el hábito de higiene bucal de cada persona, ya que con ella accedemos a sitios que, de otro modo, quedan permanentemente sin limpiar, con el riesgo que ello implica de caries, gingivitis, halitosis....etc.

Su uso correcto es difícil al principio, como ocurre con cualquier otra actividad que requiera la adquisición de una habilidad. De hecho, la sensación inicial es de que sobran dedos y falta boca.  Pero no hay que desmoralizarse, porque eso nos ha pasado a todos, y , con un poco de constancia, vamos a conseguir al cabo de tres ó cuatro semanas de uso diario, la suficiente habilidad para que el uso de la seda deje de ser un martirio, y se convierta en uno más de esos hábitos de higiene adquiridos y cuya realización no nos cuestionamos, como pueden ser darse una ducha, el afeitado, maquillaje, peinado..... etc.

Aunque los envases traen instrucciones de uso, vamos a insistir en algún apartado del mismo : Cortamos un trozo de unos 40 cms de longitud, y lo enrollamos en los dedos medios (corazones) de cada mano, manejándolo, para su inserción entre los dientes, con los índices y pulgares. Se debe llevar un orden , para no saltarnos piezas, y debemos dejar el menor espacio posible entre los dedos, en el momento de la inserción, para mantener el control de la cinta y no producirnos lesiones en la encía.

La seda no se mete forzando, sino con un ligero movimiento de vaivén lateral, como una sierra, porque si no, ocurre como con la cuerda de un arco : primero se tensa, y, una vez salta el contacto entre los dientes, “se dispara “  clavándose en la encía.

Una vez insertada, la aplicamos contra la cara correspondiente (anterior ó posterior) del diente, y, con ligera presión sobre él (nunca contra la encía), haremos un movimiento de vaivén lateral bajo la encía (en el surco gingival), seguido de otro de sube y baja a lo largo de esa cara del diente.

Y nos vamos a otra pieza, hasta completar todas las de la boca.

Es suficiente usar la seda ó cinta una vez al día, -en principio al acostarse-, aunque no importa si lo hacemos en otro momento, cuando más tiempo tengamos, dado que al principio nos llevará no menos de quince minutos.

Es normal que al principio la encía sangre en algunos puntos : ello puede deberse a la existencia de una inflamación previa ó al mal uso de la seda, y lo único que debemos hacer en ambos casos, será esmerarnos en la técnica, pero en ningún caso dejar de usarla.

Si se deshilacha en algunas piezas,deberá consultar a su dentista, porque puede significar la presencia de algún problema: caries, obturaciones rotas, sarro, etc.

Respecto a los tipos, hay muchos: seda, cinta, con cera, sin cera, con flúor... etc. Mi recomendación sería utilizar la cinta con cera.

El piercing oral

El piercing se ha convertido en un fenómeno social, de modo que muchos de nuestros jóvenes, (y no tan jóvenes), lucen tal elemento en los sitios más variados de su anatomía. La oreja en el hombre, y la oreja y el ombligo en la mujer, son las zonas utilizadas preferentemente para colocar dicho elemento “ornamental”.

A estas, les sigue en frecuencia la localización en la cavidad oral, y, dentro de esta, en la lengua.

Pero esto, tiene un coste para el portador en forma de posibles complicaciones, que pueden ser dependientes del acto de la colocación en si mismo y aparecer inmediatamente, ó por el contrario, ir manifestándose con el paso del tiempo, a nivel de lengua, dientes y encía.

Entre las primeras, tenemos riesgo de:

  • Hemorragias.
  • Infecciones (hay descritos casos graves).
  • Inflamaciones locales.
  • Contagio por falta de esterilización del material utilizado para su colocación: SIDA, Hepatitis B y C, etc.
  • Problemas de masticación, deglución y fonación.
  • Etc.

Entre las complicaciones a medio y largo plazo, las más importantes son las recesiones gingivales, es decir , la pérdida de encía, en los dientes ántero-inferiores, que comienzan a aparecer a partir de los dos años de colocación del piercing. Si no se controla, puede llevar a la pérdida de piezas dentarias. La segunda complicación son las fracturas dentarias, tanto más frecuentes cuanto más tiempo permanece el piercing en boca: casi un 50% de aquellos individuos que han tenido un piercing oral durante más de cuatro años, presentan alguna lesión traumática de sus dientes, sobretodo premolares y molares inferiores.

Por todo lo que antecede, el consejo debe ser NO COLOCARSE PIERCINGS ORALES; y en todo caso, buscar establecimientos con la correspondiente autorización para tratar de evitar al menos, las complicaciones citadas en primer lugar, ya que las segundas, van a ir apareciendo de modo casi inexorable con el paso del tiempo.

Manifestaciones orales de la diabetes mellitus

La Diabetes es una enfermedad frecuente, caracterizada por un aumento de la glucosa en sangre, lo que da lugar a diversas alteraciones vasculares y nerviosas en todo el organismo.

Podemos hablar de tres tipos de Diabetes Mellitus , de los cuales los dos primeros son de origen desconocido, y el tercero de causa conocida.

  • Tipo I.- suele aparecer antes de los 25 años. Es la forma más grave, de manifestación generalmente aguda. Su diagnóstico por tanto es precoz. Suelen ser individuos que comen y beben mucho (polifagia y polidipsia), orinan mucho (poliuria), y pierden peso.
  • Tipo II.- es la forma más frecuente (un 90% de todas las diabetes). Generalmente , en individuos por encima de los 40 años. A diferencia de la anterior suelen ser individuos obesos.
  • Tipo III.- cuyo grupo lo componen los cuadros diabéticos secundarios a otro proceso del organismo, o a una causa externa. Su origen pues, es conocido, aunque no siempre ocurra lo mismo con el mecanismo a través del cual se desarrolla la diabetes.

Los diabéticos pueden presentar una serie de manifestaciones orales, inconstantes, que pueden dar lugar en muchos casos a que la sospecha acerca de la existencia de la enfermedad, aún no diagnosticada, surja en el transcurso de una revisión dental rutinaria. Esto último, es más frecuente en las diabetes del tipo II.

 

Estas manifestaciones orales, pueden ser fundamentalmente, la xerostomía ó sequedad de la boca (aunque no siempre haya un descenso real del flujo salival); la estomatodinia ó síndrome de boca seca (sobretodo en mujeres tras la menopausia y que cursa con sensación de ardor o quemazón en lengua, labios, y mucosa oral en general); el aumento de la frecuencia de flemones y celulitis; gingivitis ó inflamación de la encía; aparición, o empeoramiento si ya existía, de una enfermedad periodontal o piorrea; candidiasis o infecciones por hongos; aumento de las caries, posiblemente por la sequedad de la boca; hipersensibilidad dentaria; y otras lesiones de las mucosas, como liquen plano, ulceraciones en paladar duro, etc.. .

El tratamiento aislado de estas lesiones orales, puede llevar a una mejoría relativa de las mismas, pero solo con un buen control de la diabetes conseguiremos que algunas de estas manifestaciones orales desaparezcan espontáneamente, o que su respuesta al tratamiento sea más positiva.